¿Qué tiene Cádiz para despertar un sentimiento tan profundo de pertenencia, nostalgia y orgullo en quienes la aman? Quizá la respuesta esté en Cádiz, mi planeta predilecto, de José Mata Morales, una obra escrita desde el afecto más absoluto hacia una tierra convertida aquí en memoria, emoción y forma de entender la vida.
Desde las primeras páginas queda claro que José Mata no pretende construir una guía de la ciudad ni una crónica ordenada de recuerdos. Lo suyo es otra cosa: un viaje íntimo y emocional, un caleidoscopio de escenas, pensamientos, homenajes y evocaciones que aparecen como lo hacen los recuerdos verdaderos, sin obedecer a la cronología, sino al impulso del corazón. El autor comparte episodios de infancia y juventud, reflexiones personales, artículos publicados en prensa, letras de carnaval e incluso ensoñaciones donde la historia y la imaginación se dan la mano.
Hay en el libro un profundo amor por Cádiz, pero también por su gente. Porque, como el autor nos transmite, la esencia gaditana no reside únicamente en el mar, en el carnaval o en el Cádiz CF, sino en quienes llenan de vida las calles, los bares y las conversaciones. Por estas páginas desfilan personajes célebres y populares: Javier Osuna, Mágico González, Selu Figuereo “El Barrio”, Julio Maldini, Antonio Reguera o Manuel Sánchez “Noli”, entre muchos otros. A todos ellos el autor les dedica recuerdos, anécdotas y momentos compartidos que terminan conformando una memoria colectiva llena de cercanía y afecto.
Uno de los mayores aciertos del libro es precisamente esa capacidad para mezclar registros. La obra pasa con naturalidad de la reflexión filosófica al humor costumbrista, de la nostalgia a la ironía, de la observación social al homenaje sentimental. Incluso cuando aparecen pinceladas políticas o sociales, lo hacen integradas dentro de una mirada profundamente humana y vitalista. José Mata escribe como quien conversa largamente en una sobremesa gaditana, dejando que las historias fluyan.
Y es imposible no detenerse también en el estilo. Se percibe en cada página la pasión de José Mata por la lengua, por la literatura y por la capacidad evocadora de las palabras. Su prosa es culta, minuciosa y elegante, construida con evidente cuidado formal y una clara voluntad literaria.
Las numerosas fotografías incluidas contribuyen además a reforzar esa sensación de álbum sentimental, de archivo íntimo compartido con el lector. Cádiz, mi planeta predilecto no busca tanto impresionar como acompañar; no intenta explicar Cádiz, sino transmitir lo que significa sentirla. Y probablemente ahí resida buena parte de su encanto.
En tiempos de prisas y lecturas fugaces, José Mata propone detenerse un momento, mirar alrededor y recordar que hay lugares capaces de convertirse en patria emocional. Cádiz, en estas páginas, no es solo una ciudad: es una manera de estar en el mundo, de mirar la vida y de conservar intacta la memoria de quienes somos.
Porque, al final, quizá la felicidad consista exactamente en eso que resume una de las frases del libro: «¡Vivo en Cádiz! ¿Qué más quiero?». Y, después de leer estas páginas, resulta difícil no comprenderlo. (Inma Muñoz, 2 de junio de 2026)
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