La historia está bien, pero esta escritora, como tras, adolece de una defensa exagerada y a veces ridícula de los migrantes africanos. Que si, que son explotados en los infames y mal pagados trabajos recogiendo fruta, en este caso, en los invernaderos del Sur de España. Pero se pasa en el buenismo de unos y en el malismo de otros.
hace 1 mes