Corre el año 745. El reino visigodo se lame las heridas. Toledo ha caído, don Pelayo ha muerto, y Spania ahora está en manos del califato de Damasco. Las órdenes llegan desde Córdoba. Pero el norte de la península se mantiene, como siempre, levantisco… Allí no se ha perdido la fe en los poderes ance...